No la estoy logrando
¿Tengo pereza o estoy deprimido otra vez?
La pregunta surge en mi cabeza como un reflector encendiéndose de pronto sobre un patio carcelario.
No siempre es fácil saber.
Porque a veces siento una tristeza pesada, viscosa, luego de una o dos noches sin dormir bien, pero si a la tercera caigo como una piedra, me despierto como Blancanieves cantando y dejando entrar a los copetones por la ventana.
Pero otras veces es el perro negro y su mordida rabiosa. Es el sinsentido y la inercia. Es la idea persistente de mandarlo todo a la mierda. Es la dificultad para hacer hasta la más simple de las tareas, días en los que lavar un plato parece un esfuerzo sobrehumano, e incluso organizar las vacaciones se siente como una molestia (palabras mayores, si tenemos en cuenta que desentenderme del trabajo es lo que más me gusta en la vida).
Se queda uno tirado en la cama leyendo o viendo películas, pero las tareas se acumulan, se arremolinan como fantasmas y se atoran entre el pecho y la garganta: hay que remojar la ropa blanca para lavarla y remendar el edredón descosido y llevar a la lavandería lo que no se puede lavar en la casa y hacer el almuerzo y llamar a la casa y limpiar el baño y cambiar las sábanas y descongelar la nevera y mercar y trabajar y la torre de loza crece y el búho pasivo-agresivo de Duolingo ya empezó con las notificaciones.
Cosas normales, cotidianas, necesarias. Entonces, junto con el desasosiego y la respiración cortada viene la culpa: ¿por qué no puedo hacerlas? ¿Soy un haragán incapaz? ¿Este agobio qué contiene? ¿Por qué me falta energía para lo más esencial? ¿Soy un cretino malcriado? ¿Tengo que dejar la güevonada?
Quizá solo es que estoy muy, muy cansado.
Igual voy a terminar por hacerlo todo, pero primero me voy a angustiar y me voy a quejar. Cuando tengo demasiado por hacer comienzo por el principio: tirarme al suelo a llorar en posición fetal.
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| Exhausted From Work Morteza Katouzian |



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