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Hacer ventanas

Cuando estoy triste trato de verme con los ojos de mis amigos. Ver el potencial que ellas y ellos ven, y no el vacío oscuro en mi pecho que se alimenta de inseguridades, síndrome del impostor y falta de autoestima. Y aunque buena parte del tiempo no entiendo la vida y sus propósitos, y me parece que amanecer vivo es una exageración, es por los amigos que a menudo uno es capaz de seguir viviendo. Es por las conversaciones, las borracheras, las canciones, las lágrimas. Y por la risa, ese estado de gracia que suspende por un momento el agobio y la muerte. El amor de los amigos es un refugio. Es una salvación. Escribió Rumi que «si la casa del mundo está oscura, el amor encontrará la forma de hacer ventanas». Cuántas veces son los amigos quienes abren ventanas para hacer entrar la luz, para dar perspectiva, para poder respirar, para agarrarlo a uno del cuello de la camisa si es lo suficientemente bruto como para creer que esas ventanas son para saltar. Sin saberlo, a veces nos rescatan del...

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