No la estoy logrando
¿Tengo pereza o estoy deprimido otra vez? La pregunta surge en mi cabeza como un reflector encendiéndose de pronto sobre un patio carcelario. No siempre es fácil saber. Porque a veces siento una tristeza pesada, viscosa, luego de una o dos noches sin dormir bien, pero si a la tercera caigo como una piedra, me despierto como Blancanieves cantando y dejando entrar a los copetones por la ventana. Pero otras veces es el perro negro y su mordida rabiosa. Es el sinsentido y la inercia. Es la idea persistente de mandarlo todo a la mierda. Es la dificultad para hacer hasta la más simple de las tareas, días en los que lavar un plato parece un esfuerzo sobrehumano, e incluso organizar las vacaciones se siente como una molestia (palabras mayores, si tenemos en cuenta que desentenderme del trabajo es lo que más me gusta en la vida). Se queda uno tirado en la cama leyendo o viendo películas, pero las tareas se acumulan, se arremolinan como fantasmas y se atoran entre el pecho y la garganta: ha...









