Hay un fusilado que vive
Piensa uno muchas cosas leyendo a Rodolfo Walsh en Operación Masacre . Una, que Walsh era un hombre muy valiente. No cualquiera se atreve a investigar y publicar la verdad sobre una masacre perpetrada por el gobierno. Un gobierno de milicos, además. Una dictadura cívico-militar, para ser exactos. También en la valentía de la gente común. En el hombre que se atreve a publicar la primera versión de la investigación de Walsh: «Así que ambulo por suburbios cada vez más remotos del periodismo, hasta que al fin recalo en un sótano de Leandro Alem donde se hace una hojita gremial, y encuentro un hombre que se anima. Temblando y sudando, porque él tampoco es un héroe de película, sino simplemente un hombre que se anima, y eso es más que un héroe de película». En las enfermeras que cuidan a Juan Carlos Livraga, uno de los fusilados, y resguardan la que llegará a ser prueba fundamental del crimen estatal: «Las enfermeras, arriesgando sus puestos —y acaso más: aún regía la ley marcial—, protegen ...



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