Aprender a ser crueles

All you need is blood

Cuando uno ve a gente que creía sensata tachando de plañideras, guerrilleros, terroristas y criminales a quienes criticaron al presidente, o hablaron de derechos humanos y derecho internacional humanitario, se da cuenta de que la puesta en escena del Abominable Hombre de Gran Frente paseando entre cadáveres no se trata solo de mostrar resultados, de humillar y atemorizar al enemigo o de hacer parecer grande a un hombre pequeño.

Las guerras que ha vivido Colombia, sus interminables ciclos de violencia, han hecho su parte para podrirnos el alma. Aún así, son muchos los colombianos y colombianas que han resistido a esa deriva sangrienta, y nos recuerdan que incluso en medio de la guerra debemos hacer lo posible por conservar algo de nuestra humanidad.

La mayoría estaríamos de acuerdo en que el mundo es un lugar menos inseguro con esos 23 guerrilleros dados de baja (suponiendo que sí fueran guerrilleros: en el país de los falsos positivos es lógico dudar). Por eso la crítica no es hacia la operación o a que el Estado ejerza su fuerza legítima, es hacia el uso de esos cuerpos inertes como decorado de una estrategia macabra de relaciones públicas y propaganda.

Ese espectáculo se trata menos de mostrar autoridad y fuerza que de inocularnos la crueldad.

Porque hoy son criminales y gente mala. Pero, como pasó en El Salvador y en tantos otros lugares, la definición de ‘criminal’ se ampliará, y en esas bolsas blancas ya no habrá delincuentes, o algún tipo suficientemente tatuado como para parecer miembro de la Mara Salvatrucha o mediocampista de la selección chilena de fútbol. Un día, entre esas bolsas habrá periodistas, políticos, profesores, madres que buscan a sus hijos, líderes sociales. Opositores.

Entonces, veremos a la gente de bien tildándolos de terroristas y guerrilleros, de mamertos inservibles, de zurdos desechables. Veremos gente llamando al exterminio de personas de su propia familia o de sus amigos. Los crímenes del poder serán minimizados; es más, serán considerados necesarios y patrióticos. Quienes levanten la voz contra los desmanes del autoritarismo serán perseguidos a su vez, y acusados de plañideras que lloran por sus amigos hampones.

Estas cosas han pasado, pasan y pasarán. La estrategia ha sido exitosa y si todos aprendemos a ser crueles estaremos, como Macbeth, tan inmersos en la sangre que, si nos estancamos, no será más fácil volver que seguir adelante.

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P.D.1: Están bien juiciosos con la construcción del culto a la personalidad. No le doy ni un año para que nos estén metiendo por ojos, nariz y boca que es necesario reelegir al presidente.

P.D.2: Estoy seguro de que levantar la suspensión general para el porte de armas resultará en el mejoramiento de la convivencia y la disminución de la inseguridad, no en el aumento de los "casos de intolerancia" (violencia, que llaman), los accidentes domésticos con armas y los muertos por balas perdidas. Al fin y al cabo, esta decisión es la voluntad de Cristo Rey, que en el evangelio de Juan nos dejó dicho: «Armaos los unos a los otros, como yo os he armado».

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